lunes, 30 de octubre de 2017

RUBÉN GARCÍA VERDUGO.


Con mucho cariño comparto esta publicación de Miguel Suarez Reyes.
 Rubén García, amigo y compadre de mi padre, lo recuerdo en tertulias, campamentos, pescando, trabajando, siempre amable.

Servidor público, escritor, periodista y músico.

Por: Lic. Miguel Suarez Reyes

Rubén García Verdugo nació el 31 de enero de 1932, en el bello Puerto de Ilusión de La Paz, Baja California Sur, fue hijo primogénito del matrimonio formado por Martín García Sánchez y María Luisa Verdugo Taylor.


A su corta edad Rubén García Verdugo experimentó el dolor de la perdida y la ausencia de su madre, este vacío en su corazón lo acompañó siempre hasta que después de muchos años la vida le dio la oportunidad de reunirse con ella en otra dimensión.
En esos momentos tuvo la gran bendición de contar con el amor incondicional de su querida abuela materna Susana Taylor Davis, una mujer excepcional que lo cobijó en el seno familiar y se ocupó de su formación hasta convertirlo en un hombre de bien con ayuda de sus queridos tíos, y sus primos fueron sencillamente los hermanos extraordinarios que la vida le regaló.

Su niñez la vivió en un domicilio que se ubicaba en la calle Belisario Domínguez entre Juan María de Salvatierra y Torre Iglesias, colonia el Esterito a una cuadra del malecón costero.

Con ese privilegio de vivir donde la playa bordeaba su barrio, en compañía de sus primos y amigos de su edad acudía frecuentemente a este lugar, aprendió a apreciar el mar, a percibir su color cambiante, sentir su aroma y disfrutar la arena y el paisaje de las canoas impulsadas a remo y vela.


Y una vez que el mar soltó su hechizo a él lo atrapó y desde entonces sus mejores momentos de esparcimiento solo y en compañía de su familia y amigos los vivió siempre en la playa, convencido que era el espacio más generoso del planeta.
Rubén García Verdugo por las circunstancias económicas solamente tuvo la oportunidad de cursar hasta la educación secundaria, a partir de ese momento fue necesario incorporarse al ámbito laboral.
Sin embargo su capacidad lo llevó a ser un autodidacta, en un acto siempre autoreflexivo exploró y profundizó en diversas áreas del conocimiento de aquello que le inquietaba o interesaba saber.
Tuvo dos grandes cualidades que le ayudaron en este proceso y fue la iniciativa y la constancia, nunca se conformó con lo que conocía y eso lo llevó a leer libros, manuales e indagar con aquellas personas de su entorno que le brindaban información importante.
Se empleó como trabajador en el gobierno del territorio de B.C.S., además combinaba este trabajó desempeñándose como corresponsal del Diario “El Nacional” de la capital del país y aquí descubrió una fuerte atracción por la labor periodística, con gran objetividad y pasión fue el enlace para informar de todo aquello que acontecía en nuestro territorio. Es decir formó parte de una generación de periodistas que se fueron abriendo paso en este ámbito.

Rubén García Verdugo con un especial interés en los medios de comunicación, en el año de 1956 participó como locutor en la XENT Radio La Paz, estación radiofónica con Francisco King Rondero pionero de la comunicación en B.C.S.

En su rol de locutor siempre se proyectó con una buena voz con presencia, una locución clara y una buena dicción, fue estableciendo un vínculo con la población del territorio ganándose simpatía entre los radioescuchas, esta fue una etapa que siempre consideró importante porque en ese momento se le abrieron las puertas para dedicarse al periodismo y los medios de comunicación.

Desde niño sintió un gusto por la música, y como la música es vida y mientras suene nada muere para siempre, Rubén García Verdugo cultivó esta gran pasión, formó parte del famoso trio “Remembranzas” integrado por los profesores Humberto César García y Armando Trasviña Taylor, en los años 50´s quienes se presentaban en eventos familiares, sociales, culturales, etc.

Con su música un día tocó el alma de una hermosa dama de nombre Lilia Luque Quiroz, originaria de Santa Rosalía quien vivía en la Ciudad de La Paz con unos tíos muy cerca de la familia de Rubén García Verdugo, enamorado de esta joven empezó a cortejarla hasta establecer una relación de noviazgo, posteriormente en el año 1950 decidieron unirse en matrimonio.


Es interesante resaltar que esta joven pareja compartía muchas cosas a fines, pero una de ellas era la música, a ella también le gustaba cantar pero lo hacía solo en eventos escolares ya que sin ser maestra de profesión desempeñaba esta importante labor en el Santuario de La Ciudad de La Paz, había estudiado en una escuela de enseñanzas especiales.

El corazón bohemio de su querido Rubén García Verdugo la conquistó de tal manera que a partir de ese momento ella se dedicó a apoyarlo en todos sus proyectos y aficiones.

Recién casados se trasladaron a San José del Cabo pero muy pronto se regresaron nuevamente a la ciudad de La Paz, y continuó desempeñándose como empleado del gobierno.

En su trabajo empezó a recibir ciertas sugerencias para venirse a trabajar al Valle de Santo Domingo como recaudador de rentas, y como en esos momentos él conocía que era una región prospera y en vías de desarrollo decidió emigrar junto con su familia a estas tierras por tres meses.

Con un poco de confusión en abril de 1957 emprendió el viaje, tenía dudas sobre la decisión que había tomado, lo acompañaba el presentimiento que al radicar en este lugar él estaba abandonando su sueño de periodista y de participar en los medios de comunicación, sin embargo tomó la decisión y se arriesgó, posiblemente como lo plantea el escritor suizo Henry F. Amiel que “El hombre que pretende verlo todo con claridad antes de decidir nunca se decide”.

En la Ciudad de La Paz su partida implicó un adiós de sus queridos amigos entre ellos: Alberto Alvarado Arámburo, Ángel Cesar Mendoza, Eligio Moisés Coronado, Rogelio Olachea, Juan Ramos Zepeda, Jorge Carillo Encinas, “El Gordo” Flores, es decir un grupo de amigos dedicados a la política, el periodismo, la docencia, la música, etc.
Después de 8 horas de camino de terracería de la Paz al Valle de Santo Domingo llegaron y se ubicaron en la emblemática Casa Amarilla, ahí se acondicionarían las oficinas del Delegado Territorial Capitán Aguilar Morales, las oficinas del primer Comandante Jesús Díaz González y el dispensario médico del doctor Víctor Manuel Maya Rojas quien en compañía de la enfermera “Doña Cuca” atendían a los pacientes.
La Casa Amarilla era la única casa de cemento y block, todas las demás viviendas se encontraban construidas con botes, vara trabada y lodo y algunas con cartón negro.

Sus hijos hoy recuerdan de esa época que a las afueras de la Casa Amarilla llegaba un camión de la Paz con despensas como apoyo que daba el gobierno a las familias que habían llegado a colonizar, ese día muchas familias dormían ahí, solamente tendían unos cartones y amanecían esperando que llegara el camión para llevar algo de alimento a sus casas.

En la Casa Amarilla se establecieron también las oficinas de la recaudación de rentas donde Rubén García Verdugo fungió como subrecaudador, además se desempeñó como Ministerio Público por Ministerio de Ley.

Con un alto sentido de la justicia y conocedor de las leyes de manera autodidacta, y gracias a los estudios que realizó por correspondencia, realizó un trabajo importante en la búsqueda de la aplicación de la ley, la justicia y la razón ante los diferentes delitos que se cometían en ese entonces por los pobladores.

En 1965 emprendió un nuevo rumbo pero esta vez a la Ciudad de México en compañía de su familia, ya que se incorporó como Jefe “A” de prensa en la Secretaría de Recursos Hidráulicos, sin embargo a su querida esposa el clima y las condiciones geográficas le generaron ciertos problemas de salud, para él que siempre puso en el centro de atención a su familia decidió regresar nuevamente al Valle de Santo Domingo.

Aquí se empleó en la Gasolinera Santana como contador cuyo dueño era su compadre Eliseo Santana Agruel, enseguida regresó nuevamente a la Delegación Territorial pero ahora como tecnólogo “A” de la Dirección de Acción Social.

En este periodo solicitó un préstamo al ISSSTE y construyó una casa para que su familia contará con un hogar, él y su esposa se encargaron de convertirlo en un hogar cálido para sus hijos: Rubén, Víctor Alan, Reyna Lilia, María Eugenia, Cuauhtémoc y Julissa.
En el periodo de Ricardo Santos Santos primer Presidente Municipal de Comondú tuvo el honor de que se le encomendara redactar el Bando Solemne para elevar de rango “Villa Constitución” a “Ciudad Constitución”, acto que se llevó a cabo el 5 de Febrero de 1972 en la plaza de armas Ignacio Zaragoza, ente la presencia de autoridades locales, estatales y federales, personajes representativos y estudiantes de las diferentes instituciones educativas, y aquí también tuvo la oportunidad de darle lectura.

En muchas ocasiones detrás de los discursos de las autoridades locales se encontraba el pensamiento e ideas de Rubén García Verdugo quien se encargaba de elaborar dichos discursos, su arduo trabajo no llevaba nombre sin embargo él se encargaba de estructurar las líneas discursivas muy cuidadas que incluso en ocasiones requerían que resultarán hasta memorables.

En 1975, fue invitado a colaborar como director del Cereso que en esos momentos se acababa de inaugurar por lo que nuevamente en compañía de su familia se trasladó a vivir a la Ciudad de la Paz, sin embargo en el año de 1976 desempeñando este puesto hubo una fuga de reos y este problema que enfrentó lo obligó a separarse del cargo ya que fue sujeto de investigación.

Esta circunstancia fue muy dolorosa para Rubén García Verdugo, porque se puso en duda su honorabilidad, cuando él siempre había sido ejemplo de rectitud y justicia.
Tiempo después le llegó la resolución del juez desde Mazatlán, Sinaloa donde se le exoneraba de cualquier problema, sin embargo prefirió regresar al Valle de Santo Domingo y aquí ya con la experiencia como director del Cereso y el conocimiento de leyes que tenía se dedicó a litigar bajo la asesoría del prestigiado Licenciado Mario Arriazola que radicaba en la Ciudad de La Paz.

Otra importante contribución a este su querido Valle de Santo Domingo fue al desempeñarse como defensor de oficio a parir del año de 1982, aquí apoyó a las clases más necesitadas de la región brindando asistencia legal gratuita, eficaz y oportuna. De esa manera se ganó el cariño de mucha gente a la que atendió y le brindó un gran servicio siempre en búsqueda de la justicia y apegado a la legalidad, tiempo después y debido a problemas de salud renunció a la defensoría de oficio.

Sus amigos en el Valle de Santo Domingo fueron un gran aliciente, con ellos compartió sus alegrías y tristezas, a cada uno de ellos aunque en algunas circunstancias estuvieran lejos los recordó siempre porque los llevó en su mente y en su corazón, entre ellos su compadre del alma Rafael Geraldo “El Güerito de la Ford”, Eliseo Santana Agruel, José Real, Oscar González “El Pirzo”, Francisco Estrada, Bernardo Tapia, “El Bello” Laga, “El Chori” Martínez, Jerónimo Geraldo, Mauricio García, Ramón García, entre otros.

En muchas ocasiones su copa se elevó para brindar por el simple gusto de haber coincidido en esta vida con ellos, comúnmente reunidos en casa de alguno de sus amigos, o en el rancho de Eliseo Santana y en múltiples ocasiones en el centro de reunión de los pobladores “La Cabaña” de doña Emilia y en su propia casa frecuentemente.

Como padre Rubén García Verdugo fue siempre consiente de las implicaciones de la paternidad, de esa manera educó a sus hijos con el ejemplo en un ambiente de disciplina y rectitud, se involucró con ellos en sus actividades, fue muy firme en sus regaños y prohibiciones pero todo eso lo matizó con el profundo cariño que diariamente él y su querida esposa se encargaban de brindar a sus hijos hasta convertirlos en personas sanas, seguras, con valores y con una preparación profesional.
Rubén se graduó como Médico en la Ciudad de México, Víctor Alán como Licenciado en Derecho en Hermosillo, Reyna Lilia, estudió Alta Costura en la Ciudad de México, María Eugenia egresó como Técnica en Administración Turística en la Ciudad de La Paz, Cuauhtémoc y Julissa influenciados por una fuerte vocación en la docencia se graduaron como maestros.

Rubén García Verdugo y Lilia Luque Quiroz concretaron sus más grande sueños como padres de familia, hoy sus hijos con la nostalgia del ayer recuerdan el gran legado.

Para concretar su sueño como padres ellos propiciaron primero la dicha de consolidar un matrimonio, donde prevaleció el amor, el respeto y la confianza. Compartieron como matrimonio algunas aficiones, una de ellas la música, su canción preferida “Desdeñosa”, “Porque”, “Antigua” y “Delirio”. En su casa grababan algunas canciones con ayuda de sus propios hijos y en una ocasión en la Ciudad de La Paz con el apoyo del Profr. Miguel Ángel Norzagaray también grabaron un disco.

Este material sus hijos lo conservan porque representa un gran valor estimativo, representan la energía para el alma cada vez que los invaden los recuerdos de sus queridos padres.

Otra afición fue los paseos en familia a la playa de Santa Fe, la Curva del Diablo, el Chisguete, Punta Banderitas, esta última la preferida porque la consideraban como la más generosa, aquí se podía encontrar caracol, almeja, jaiba, garropa, cabrilla, sierra, etc.

Compartieron también el gusto por la escritura, apasionados por expresar a través de la palabra escrita ideas, emociones y sentimientos dedicaban largas horas a esta actividad, algunas veces cartas, en otras ocasiones textos donde describían como eran cada uno de sus hijos, recetas, narraciones de su vida de casados, en fin los motivos los buscaban para poder llevar a cabo tan importante actividad que cultivaba su intelectualidad.
Rubén García Verdugo estuvo produciendo textos en la idea de escribir un libro que llevaría por nombre “Hojas sueltas sobre mi escritorio”, sin embargo quedaron ahí, justamente sobre un escritorio, la vida ya no le dio tiempo.

En el año de 2008 una tristeza invadió su corazón cuando su querida esposa Lilia Luque Quiroz falleció de un cáncer que la aquejaba desde hacía 14 años, sin embargo como una mujer valiente lo enfrentó con gran entereza buscando los medios posibles para combatirlo y Rubén García Verdugo estuvo ahí, luchando con ella en el día a día.
Los recuerdos invadieron siempre el corazón de Rubén García Verdugo, quien no hubo día que no la extrañara, añorando devolver el tiempo para verla de nuevo.

Su inmensa tristeza se vio reflejado en su salud ya que también padecía una enfermedad de diabetes, que había logrado sobrellevar bajo los cuidados de su amada esposa.

9 meses después, el 21 de enero de 2009 a la edad 77 años, Dios determinó que él acudiera a su lado, él se fue con la certeza y la tranquilidad que ella se encontraba ahí esperándolo para reunirse de nuevo y quedarse a su lado eternamente.

Aquí se narra la vida de un hombre que fue siempre fiel a sus sueños, vivió con la convicción de dedicarse a lo que le gustaba y se entregó a su destino con un profundo arraigo a estas tierras del Valle de Santo Domingo.


Entrevista realizada por el Licenciado Miguel Suarez Reyes al Doctor Rubén García Luque.

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