Con mucho cariño comparto esta publicación de Miguel Suarez
Reyes.
Rubén García, amigo y
compadre de mi padre, lo recuerdo en tertulias, campamentos, pescando,
trabajando, siempre amable.
Servidor público, escritor, periodista y músico.
Por: Lic. Miguel Suarez Reyes
Rubén García Verdugo nació el 31 de enero de 1932, en el
bello Puerto de Ilusión de La Paz, Baja California Sur, fue hijo primogénito
del matrimonio formado por Martín García Sánchez y María Luisa Verdugo Taylor.
A su corta edad Rubén García Verdugo experimentó el dolor de
la perdida y la ausencia de su madre, este vacío en su corazón lo acompañó
siempre hasta que después de muchos años la vida le dio la oportunidad de
reunirse con ella en otra dimensión.
En esos momentos tuvo la gran bendición de contar con el amor
incondicional de su querida abuela materna Susana Taylor Davis, una mujer
excepcional que lo cobijó en el seno familiar y se ocupó de su formación hasta
convertirlo en un hombre de bien con ayuda de sus queridos tíos, y sus primos
fueron sencillamente los hermanos extraordinarios que la vida le regaló.
Su niñez la vivió en un domicilio que se ubicaba en la calle
Belisario Domínguez entre Juan María de Salvatierra y Torre Iglesias, colonia
el Esterito a una cuadra del malecón costero.
Con ese privilegio de vivir donde la playa bordeaba su
barrio, en compañía de sus primos y amigos de su edad acudía frecuentemente a
este lugar, aprendió a apreciar el mar, a percibir su color cambiante, sentir
su aroma y disfrutar la arena y el paisaje de las canoas impulsadas a remo y
vela.
Y una vez que el mar soltó su hechizo a él lo atrapó y desde
entonces sus mejores momentos de esparcimiento solo y en compañía de su familia
y amigos los vivió siempre en la playa, convencido que era el espacio más
generoso del planeta.
Rubén García Verdugo por las circunstancias económicas
solamente tuvo la oportunidad de cursar hasta la educación secundaria, a partir
de ese momento fue necesario incorporarse al ámbito laboral.
Sin embargo su capacidad lo llevó a ser un autodidacta, en un
acto siempre autoreflexivo exploró y profundizó en diversas áreas del
conocimiento de aquello que le inquietaba o interesaba saber.
Tuvo dos grandes cualidades que le ayudaron en este proceso y
fue la iniciativa y la constancia, nunca se conformó con lo que conocía y eso
lo llevó a leer libros, manuales e indagar con aquellas personas de su entorno
que le brindaban información importante.
Se empleó como trabajador en el gobierno del territorio de
B.C.S., además combinaba este trabajó desempeñándose como corresponsal del
Diario “El Nacional” de la capital del país y aquí descubrió una fuerte
atracción por la labor periodística, con gran objetividad y pasión fue el
enlace para informar de todo aquello que acontecía en nuestro territorio. Es
decir formó parte de una generación de periodistas que se fueron abriendo paso
en este ámbito.
Rubén García Verdugo con un especial interés en los medios de
comunicación, en el año de 1956 participó como locutor en la XENT Radio La Paz,
estación radiofónica con Francisco King Rondero pionero de la comunicación en
B.C.S.
En su rol de locutor siempre se proyectó con una buena voz
con presencia, una locución clara y una buena dicción, fue estableciendo un
vínculo con la población del territorio ganándose simpatía entre los
radioescuchas, esta fue una etapa que siempre consideró importante porque en
ese momento se le abrieron las puertas para dedicarse al periodismo y los
medios de comunicación.
Desde niño sintió un gusto por la música, y como la música es
vida y mientras suene nada muere para siempre, Rubén García Verdugo cultivó
esta gran pasión, formó parte del famoso trio “Remembranzas” integrado por los
profesores Humberto César García y Armando Trasviña Taylor, en los años 50´s
quienes se presentaban en eventos familiares, sociales, culturales, etc.
Con su música un día tocó el alma de una hermosa dama de
nombre Lilia Luque Quiroz, originaria de Santa Rosalía quien vivía en la Ciudad
de La Paz con unos tíos muy cerca de la familia de Rubén García Verdugo,
enamorado de esta joven empezó a cortejarla hasta establecer una relación de
noviazgo, posteriormente en el año 1950 decidieron unirse en matrimonio.
Es interesante resaltar que esta joven pareja compartía
muchas cosas a fines, pero una de ellas era la música, a ella también le
gustaba cantar pero lo hacía solo en eventos escolares ya que sin ser maestra
de profesión desempeñaba esta importante labor en el Santuario de La Ciudad de
La Paz, había estudiado en una escuela de enseñanzas especiales.
El corazón bohemio de su querido Rubén García Verdugo la
conquistó de tal manera que a partir de ese momento ella se dedicó a apoyarlo
en todos sus proyectos y aficiones.
Recién casados se trasladaron a San José del Cabo pero muy
pronto se regresaron nuevamente a la ciudad de La Paz, y continuó
desempeñándose como empleado del gobierno.
En su trabajo empezó a recibir ciertas sugerencias para
venirse a trabajar al Valle de Santo Domingo como recaudador de rentas, y como
en esos momentos él conocía que era una región prospera y en vías de desarrollo
decidió emigrar junto con su familia a estas tierras por tres meses.
Con un poco de confusión en abril de 1957 emprendió el viaje,
tenía dudas sobre la decisión que había tomado, lo acompañaba el presentimiento
que al radicar en este lugar él estaba abandonando su sueño de periodista y de
participar en los medios de comunicación, sin embargo tomó la decisión y se
arriesgó, posiblemente como lo plantea el escritor suizo Henry F. Amiel que “El
hombre que pretende verlo todo con claridad antes de decidir nunca se decide”.
En la Ciudad de La Paz su partida implicó un adiós de sus
queridos amigos entre ellos: Alberto Alvarado Arámburo, Ángel Cesar Mendoza,
Eligio Moisés Coronado, Rogelio Olachea, Juan Ramos Zepeda, Jorge Carillo
Encinas, “El Gordo” Flores, es decir un grupo de amigos dedicados a la
política, el periodismo, la docencia, la música, etc.
Después de 8 horas de camino de terracería de la Paz al Valle
de Santo Domingo llegaron y se ubicaron en la emblemática Casa Amarilla, ahí se
acondicionarían las oficinas del Delegado Territorial Capitán Aguilar Morales,
las oficinas del primer Comandante Jesús Díaz González y el dispensario médico
del doctor Víctor Manuel Maya Rojas quien en compañía de la enfermera “Doña
Cuca” atendían a los pacientes.
La Casa Amarilla era la única casa de cemento y block, todas
las demás viviendas se encontraban construidas con botes, vara trabada y lodo y
algunas con cartón negro.
Sus hijos hoy recuerdan de esa época que a las afueras de la
Casa Amarilla llegaba un camión de la Paz con despensas como apoyo que daba el
gobierno a las familias que habían llegado a colonizar, ese día muchas familias
dormían ahí, solamente tendían unos cartones y amanecían esperando que llegara
el camión para llevar algo de alimento a sus casas.
En la Casa Amarilla se establecieron también las oficinas de
la recaudación de rentas donde Rubén García Verdugo fungió como subrecaudador,
además se desempeñó como Ministerio Público por Ministerio de Ley.
Con un alto sentido de la justicia y conocedor de las leyes
de manera autodidacta, y gracias a los estudios que realizó por
correspondencia, realizó un trabajo importante en la búsqueda de la aplicación
de la ley, la justicia y la razón ante los diferentes delitos que se cometían
en ese entonces por los pobladores.
En 1965 emprendió un nuevo rumbo pero esta vez a la Ciudad de
México en compañía de su familia, ya que se incorporó como Jefe “A” de prensa
en la Secretaría de Recursos Hidráulicos, sin embargo a su querida esposa el
clima y las condiciones geográficas le generaron ciertos problemas de salud,
para él que siempre puso en el centro de atención a su familia decidió regresar
nuevamente al Valle de Santo Domingo.
Aquí se empleó en la Gasolinera Santana como contador cuyo
dueño era su compadre Eliseo Santana Agruel, enseguida regresó nuevamente a la
Delegación Territorial pero ahora como tecnólogo “A” de la Dirección de Acción
Social.
En este periodo solicitó un préstamo al ISSSTE y construyó
una casa para que su familia contará con un hogar, él y su esposa se encargaron
de convertirlo en un hogar cálido para sus hijos: Rubén, Víctor Alan, Reyna
Lilia, María Eugenia, Cuauhtémoc y Julissa.
En el periodo de Ricardo Santos Santos primer Presidente
Municipal de Comondú tuvo el honor de que se le encomendara redactar el Bando
Solemne para elevar de rango “Villa Constitución” a “Ciudad Constitución”, acto
que se llevó a cabo el 5 de Febrero de 1972 en la plaza de armas Ignacio
Zaragoza, ente la presencia de autoridades locales, estatales y federales,
personajes representativos y estudiantes de las diferentes instituciones
educativas, y aquí también tuvo la oportunidad de darle lectura.
En muchas ocasiones detrás de los discursos de las autoridades
locales se encontraba el pensamiento e ideas de Rubén García Verdugo quien se
encargaba de elaborar dichos discursos, su arduo trabajo no llevaba nombre sin
embargo él se encargaba de estructurar las líneas discursivas muy cuidadas que
incluso en ocasiones requerían que resultarán hasta memorables.
En 1975, fue invitado a colaborar como director del Cereso
que en esos momentos se acababa de inaugurar por lo que nuevamente en compañía
de su familia se trasladó a vivir a la Ciudad de la Paz, sin embargo en el año
de 1976 desempeñando este puesto hubo una fuga de reos y este problema que
enfrentó lo obligó a separarse del cargo ya que fue sujeto de investigación.
Esta circunstancia fue muy dolorosa para Rubén García
Verdugo, porque se puso en duda su honorabilidad, cuando él siempre había sido
ejemplo de rectitud y justicia.
Tiempo después le llegó la resolución del juez desde
Mazatlán, Sinaloa donde se le exoneraba de cualquier problema, sin embargo
prefirió regresar al Valle de Santo Domingo y aquí ya con la experiencia como
director del Cereso y el conocimiento de leyes que tenía se dedicó a litigar
bajo la asesoría del prestigiado Licenciado Mario Arriazola que radicaba en la
Ciudad de La Paz.
Otra importante contribución a este su querido Valle de Santo
Domingo fue al desempeñarse como defensor de oficio a parir del año de 1982,
aquí apoyó a las clases más necesitadas de la región brindando asistencia legal
gratuita, eficaz y oportuna. De esa manera se ganó el cariño de mucha gente a
la que atendió y le brindó un gran servicio siempre en búsqueda de la justicia
y apegado a la legalidad, tiempo después y debido a problemas de salud renunció
a la defensoría de oficio.
Sus amigos en el Valle de Santo Domingo fueron un gran
aliciente, con ellos compartió sus alegrías y tristezas, a cada uno de ellos
aunque en algunas circunstancias estuvieran lejos los recordó siempre porque
los llevó en su mente y en su corazón, entre ellos su compadre del alma Rafael
Geraldo “El Güerito de la Ford”, Eliseo Santana Agruel, José Real, Oscar
González “El Pirzo”, Francisco Estrada, Bernardo Tapia, “El Bello” Laga, “El
Chori” Martínez, Jerónimo Geraldo, Mauricio García, Ramón García, entre otros.
En muchas ocasiones su copa se elevó para brindar por el
simple gusto de haber coincidido en esta vida con ellos, comúnmente reunidos en
casa de alguno de sus amigos, o en el rancho de Eliseo Santana y en múltiples
ocasiones en el centro de reunión de los pobladores “La Cabaña” de doña Emilia
y en su propia casa frecuentemente.
Como padre Rubén García Verdugo fue siempre consiente de las
implicaciones de la paternidad, de esa manera educó a sus hijos con el ejemplo
en un ambiente de disciplina y rectitud, se involucró con ellos en sus
actividades, fue muy firme en sus regaños y prohibiciones pero todo eso lo
matizó con el profundo cariño que diariamente él y su querida esposa se
encargaban de brindar a sus hijos hasta convertirlos en personas sanas,
seguras, con valores y con una preparación profesional.
Rubén se graduó como Médico en la Ciudad de México, Víctor
Alán como Licenciado en Derecho en Hermosillo, Reyna Lilia, estudió Alta
Costura en la Ciudad de México, María Eugenia egresó como Técnica en
Administración Turística en la Ciudad de La Paz, Cuauhtémoc y Julissa
influenciados por una fuerte vocación en la docencia se graduaron como
maestros.
Rubén García Verdugo y Lilia Luque Quiroz concretaron sus más
grande sueños como padres de familia, hoy sus hijos con la nostalgia del ayer
recuerdan el gran legado.
Para concretar su sueño como padres ellos propiciaron primero
la dicha de consolidar un matrimonio, donde prevaleció el amor, el respeto y la
confianza. Compartieron como matrimonio algunas aficiones, una de ellas la
música, su canción preferida “Desdeñosa”, “Porque”, “Antigua” y “Delirio”. En
su casa grababan algunas canciones con ayuda de sus propios hijos y en una
ocasión en la Ciudad de La Paz con el apoyo del Profr. Miguel Ángel Norzagaray
también grabaron un disco.
Este material sus hijos lo conservan porque representa un
gran valor estimativo, representan la energía para el alma cada vez que los
invaden los recuerdos de sus queridos padres.
Otra afición fue los paseos en familia a la playa de Santa
Fe, la Curva del Diablo, el Chisguete, Punta Banderitas, esta última la
preferida porque la consideraban como la más generosa, aquí se podía encontrar
caracol, almeja, jaiba, garropa, cabrilla, sierra, etc.
Compartieron también el gusto por la escritura, apasionados
por expresar a través de la palabra escrita ideas, emociones y sentimientos
dedicaban largas horas a esta actividad, algunas veces cartas, en otras
ocasiones textos donde describían como eran cada uno de sus hijos, recetas,
narraciones de su vida de casados, en fin los motivos los buscaban para poder
llevar a cabo tan importante actividad que cultivaba su intelectualidad.
Rubén García Verdugo estuvo produciendo textos en la idea de
escribir un libro que llevaría por nombre “Hojas sueltas sobre mi escritorio”,
sin embargo quedaron ahí, justamente sobre un escritorio, la vida ya no le dio
tiempo.
En el año de 2008 una tristeza invadió su corazón cuando su
querida esposa Lilia Luque Quiroz falleció de un cáncer que la aquejaba desde
hacía 14 años, sin embargo como una mujer valiente lo enfrentó con gran
entereza buscando los medios posibles para combatirlo y Rubén García Verdugo
estuvo ahí, luchando con ella en el día a día.
Los recuerdos invadieron siempre el corazón de Rubén García
Verdugo, quien no hubo día que no la extrañara, añorando devolver el tiempo
para verla de nuevo.
Su inmensa tristeza se vio reflejado en su salud ya que
también padecía una enfermedad de diabetes, que había logrado sobrellevar bajo
los cuidados de su amada esposa.
9 meses después, el 21 de enero de 2009 a la edad 77 años,
Dios determinó que él acudiera a su lado, él se fue con la certeza y la
tranquilidad que ella se encontraba ahí esperándolo para reunirse de nuevo y
quedarse a su lado eternamente.
Aquí se narra la vida de un hombre que fue siempre fiel a sus
sueños, vivió con la convicción de dedicarse a lo que le gustaba y se entregó a
su destino con un profundo arraigo a estas tierras del Valle de Santo Domingo.
Entrevista realizada por el Licenciado Miguel Suarez Reyes al
Doctor Rubén García Luque.



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