El Espejo de
Tulum y el Espejismo de Los Cabos: ¿Aprenderemos la Lección?
Eliseo
Santana A.
Leyendo información sobre la profunda crisis turística que está ocurriendo en Tulum —donde aerolíneas como Aeroméxico o Volaris abandonan el destino, los hoteles lucen vacíos y los negocios cierran—, me puse a pensar de inmediato en lo que está ocurriendo aquí en nuestro estado, en Los Cabos. Me di cuenta de que estamos cometiendo errores muy similares y que esto, si no nos anticipamos, puede afectarnos muy seriamente en el corto plazo.
A diferencia
de Tulum, Los Cabos no ha decrecido financieramente; sigue rompiendo récords de
derrama económica. Sin embargo, nuestro crecimiento ya se estancó. Al apostarlo
todo a un modelo de ultra-lujo, hoy dependemos casi en un 80% de un solo
cliente: el estadounidense adinerado.
Esta
"monodependencia" ha encarecido tanto el destino —con tarifas de
hotel promedio de $450 USD por noche y taxis del aeropuerto que superan los
$100 USD— que ha expulsado casi por completo al turismo nacional y a la clase
media norteamericana. Al no tener un "colchón" de clase media que nos
rescate, operamos sin red de seguridad: cualquier tropiezo económico, crisis
sanitaria o cambio geopolítico en los Estados Unidos congelaría nuestra
economía de la noche a la mañana.
El fantasma
de Acapulco: El peor escenario
Si Tulum es
la advertencia de los precios abusivos y los abusos de transporte, Acapulco es
el recordatorio de lo que pasa cuando un destino se pierde por completo. Lo que
alguna vez fue el refugio dorado del turismo internacional quedó prácticamente
sepultado debido a una combinación letal de inseguridad crónica, abandono
institucional y el golpe devastador de fenómenos climáticos. Acapulco demostró
que la fama no es eterna y que, una vez que el turismo internacional pierde la
confianza, recuperarla es casi imposible.
La solución:
Abrir el abanico
Para no
seguir el camino de Tulum o Acapulco, la solución para Los Cabos no es
masificar el destino ni "traer a cualquiera" —un error que ya cometió
Japón, llenándose de un turismo masivo que aportaba poco económicamente y
generaba caos local—.
La
estrategia inteligente consiste en diversificar selectivamente:
• Atraer
mercados de Europa y Asia: Invertir en captar de forma controlada a viajeros de
alto poder adquisitivo y perfil cultural (como el turismo premium de Alemania o
Japón). Son visitantes respetuosos, de estancias largas (10 a 14 días) y que
gastan en la economía local real, no solo dentro de los resorts.
• Crear un
balance: Permitir opciones de lujo accesible que abran la puerta al
profesionista intermedio y al turismo nacional de gama alta, asegurando una
base económica sólida ante cualquier crisis externa.
El dinero de
los millonarios sostiene la burbuja hoy, pero abrir el abanico y diversificar
con inteligencia es lo único que protegerá los empleos de las miles de familias
que viven de esa industria mañana.
No hay comentarios:
Publicar un comentario