Anna María Lyncaí
Por Víctor M. Villavicencio
NOTA:
El 3 de abril de 19…, mientras trabajaba en una pesquisa periodística, el azar me llevó a una de las personas más extraordinarios que he entrevistado en mi vida: Anna María Lyncaí, originaria de la península de Baja California, pero avecindada en de San Ysidro en California, Estados Unidos.
Anna tenía en ese tiempo algo más
de ciento seis años y cerca de noventa y cinco de vivir en ese lugar y otros de
los alrededores.
Propietaria de una lucidez
envidiable y de una memoria privilegiada, me narró con detalles lujosos algunos
pasajes de su vida y me habló de los recuerdos más remotos de su infancia.
Pero lo asombroso, es que aun
recordaba, un relato que le fue contado por su abuela (quien murió en Ensenada,
Baja California, México, a una edad muy avanzada). A su vez, a la abuela de Anna, le llegó la
historia de boca de su abuelo y a este de gente muy antigua de esos pueblos;
situación que me hace inferir que esto formó parte de las tradiciones y
leyendas de algunos de los grupos étnicos que habitaron la península.
Es admirable, por otro lado,
que Anna hablara todavía algunas palabras de su lengua, o de las lenguas que en
esos tiempos existían en la California Mexicana, pues hasta donde he
investigado, algunos vocablos pertenecen a dos o tal vez, tres grupos étnicos
diferentes.
Bajo tal circunstancia,
preferí respetar la fonética y expresiones usadas por Anna en un afán por
preservar la forma de hablar de esta sobresaliente californiana.
También debo señalar, que he
transcrito escrupulosamente el relato de Anna, que en muchos casos no es muy
preciso, así como algunas faltas de secuencia en el mismo, sin embargo, creo
que se trata de una narración interesante y aunque en muchas de sus partes no
es comprensible para mí, siento que el rigor gramatical y científico importan
poco en este caso. Dejemos eso a los conocedores.
Anna María Lyncaí, falleció
dos años después de mi entrevista y según quienes la acompañaron en sus
momentos póstumos, su último deseo fue volver, para morir en un rancho, llamado
Canipolé, en la serranía de la Giganta, en Baja California Sur. Su tierra.
ESTA ES LA HISTORIA QUE ANNA
ME CONTO:
Endenantes, cuando las ambias
y los cardones no tenían picas y las
yucas estaban junto al suelo y en el agua grande solo había animales mansos,
entonces pasó la cuenta que te cuento.
Entonces el gran Shamaán grande que todo lo hizo, tuvo una lumbre de
razón y los hizo a los hombres y las mujeres y todo fue bonito y había frutillas y sus chuniquis eran blandos y
ambias y liebres y venados en
mucha cantidad y nadie tenía hambre ni sed y había aguadales en todos lados y
aguacielo ni mucha ni poca y nunca hacía ni frio ni calor y nadie nacía y nadie
se moría.
Pero pasó que el gran Shamaán
grande los hizo a los hombres y a las mujeres de forma que tenían entendimiento
y después de muchas estaciones de no hacer nada y solo de pensar y pensar y
pensar y mirar el agua grande y el ideli binijá, los hombres empezaron a
entender y a reclamar al gran Shamaán grande que también querían ser grandes como él y poder cambiar las cosas al
antojo y entonces el gran Shamaán grande se enmuinó tanto que les puso al
hombre y a la mujer la sed y el hambre y se puso a hacer los fríos y los calores y todo lo demás se hizo
poco para apurarlos a trajinar para
encontrar agua y comida y todo lo demás.
También les puso al hombre y a
la mujer la manera de morirse y para que el castigo fuera hasta siempre jamás,
les puso al hombre y a la mujer la manera de tener hijos. El mismo gran Shamaán grande hizo tres hijos:
uno bueno y uno malo y uno que nadie sabe cómo es y que es la voz que les habla
en las noches de luna grande a los shamaanes y entonces mandó a sus dos hijos a
la tierra y uno era "Cuayai" que era bueno y el otro era
"Guamongo", que era malo y entonces los hizo que pelearan aquí en la
tierra y pelearon por tres soles y tres lunas y los ideli binijá escupieron
lumbre y la tierra se movió mucho y llovió agua y lumbre y todo cambió cuando
acabó el pleito y Cuayai mató al Guamongo, pero el Guamongo se convirtió en el
chimbicá, por eso no podemos matar nunca al chimbicá y el que lo mata después
se muere de muchos dolores.
Y entonces el gran Shamaán
grande les puso lumbre a las hojas de las bayas y picas a los cardones y a las
ambias y las yucas crecieron y fue difícil alcanzar las flores que es lo más
sabroso que hay y también hizo los fríos
y los calores y todavía, cada que vez que se acuerda, se enmuina mucho y
llegan vientos fuertes de todos los orientes y les puso picas a los animales
del agua grande y todos los que se murieron en el pleito de Cuayai y el
Guamongo, se fueron al cielo y sus ojos son los ojos de la noche y los hombres
y las mujeres se hicieron tristes y empezaron a vagar por estas tierras que
desde endenantes están secas.
Y el Cuayai, quedó muy mal con
el pleito con su hermano y un buen shamaán, que nunca quiso reclamar nada al
gran Shamaán, fue el que ayudó al Cuayai a sanar de sus golpes y lo llevó a una
cueva y allí en esa cueva lo curó con agua del akujú llorón, que es muy bueno
para los golpes y allí estuvieron hasta que se sanó y este Cuayai en todos esos
soles y lunas que estuvieron juntos en la cueva, le contó al shamaán bueno,
todas las razones del entendimiento del Shamaán grande, hacedor de todas las cosas que hay en el ka
elmet y entonces este Cuayai que todo lo sabía de su padre el mejor y más
grande hacedor, le contó todo lo que había pasado endenantes y lo que iba a
pasar en el porvenir.
Entonces este Cuayai le contó
al buen shamaán que su padre, muy parecido a los hombres, era mucho más grande
y con mucho entendimiento y razón y con el gran poder grande que lo hacía hacer
cualquier cosa que se le antojara y con ese gran saber grande, pudo hacer a los
hombres de un montón de piedras y que todo el entendimiento y las razones del
hombre llegaban del aéna y que por eso, por donde entraban era por los pelos y
estos tenían el gran valor de saber todo lo que los hombres sabían y por
eso fue que los shamaanes hacían sus
faldellines que usaban para taparse el cuerpo, de los pelos de toda la gente
que se moría y a estos faldellines los llamaban guanacá, porque creían que de
esta forma tendrían toda la razón de
todos los que se habían muerto y que este entendimiento les era bueno para
curar todos los males y ver lo que había pasado endenantes y lo que iba a pasar
en el porvenir y que con este entendimiento podían hacer los encantamientos
para asustar a la gente y curar el maldeojo y poner el maldeojo y podían
platicar con el otro hijo del gran
Shamaán grande, el que no era bueno ni era malo.
Y el Cuayai le contó que en
estos pueblos de gente caminadora y juguetona, sucederían tres cosas que harían
cambiar todo y estas fueron las tres cosas que el Cuayai le contó al buen
shamaán bueno:
Que llegaría un tiempo en que
llegarían a esta tierra unos hombres tan grandes como el gran Shamaán grande,
que venían de la tierra fría y que serían buenos caminadores y contadores de
amberadidi y buenos para las pintas y que usarían los acantilados y las bocas
de los cerros para hacer sus pintas y en las que se contaría la leyenda de
estos hombres y también en estos lugares enseñarían a sus hijos y a los hombres
jóvenes a hacer estas cosas con aguas de colores que sacaban de la tierra y las
piedras molidas y las raíces de algunas matas y huesos quemados y que ellos sabían
como hacerlo que estas aguas fueran de color diferente.
Y que luego estos hombres
pelearían con la gente de esta tierra y que como estos hombres, como no
conocían bien estos calores ni el hambre de siempre, estos hombres grandes se
acabarían y que antes de acabarse dejarían muchos de sus entendimientos a la gente
de aquí y esos entendimientos eran de cómo era el aéna y de que en la prietura
de la noche había cuatro luceros y muchas estrellas.
Y estos hombres pintadores de
cuevas llegaron un día y trajeron todo lo que Cuayai le dijo al buen shamaán
bueno y así fue como pasaron las cosas.
Luego le dijo que de la grande
agua grande llegarían unos hombres y mujeres
en unos como flotadores hechos de palos huecos y que luego estos
flotadores quedarían tirados y que se los comería el sol y el agua y que ya
nunca y que se quedarían para siempre a guerrear con nuestra gente y que estos
hombres que llegarían eran los llamados Pericues.
Así pues, antes de que te lo
cuento, estos Pericues llegaron un día tal y como lo dijo el Cuayai y estos
Pericues trajeron a sus mujeres y sus propias palabras y sus ahenris y vivían
en antes diferente a la gente de aquí, pero luego empezaron a vivir igual que
los hombres y las mujeres de aquí y aprendieron a vivir con hambre y a caminar
mucho para encontrar agua y comida y aprendieron palabras de nuestra lengua y
aprendimos palabras de su lengua y se fueron quedando para todo el tiempo.
El Cuayai le enseñó al buen
shamaán bueno que todo esto era parte del castigo del gran Shamaán que todo lo
hizo, porque su muina nos iba a alcanzar mucho tiempo después de que los
hombres y las mujeres de esta tierra habían olvidado sus ganas de ser como el
gran hacedor y cuando todo fuera diferente todavía seguiría existiendo la
hambruna y la sed por estas tierras y ya no habría ni aguadales, ni techcalamas
como enantes.
La última cosa que el Cuayai
le dijo al buen shamaán bueno y que era el castigo más malo, era que un día
llegarían unos hombres en unos flotadores muy grandes, como ambuhas y que estos
hombres no tendrían color y traerían arcos del trueno y que estos hombres
traerían calamidades y traerían oibetel y serian tajipeñís y que vendrían con
ellos unos shamaanes también sin color y con largos faldellines y con pelos en
la cara y muy dados a criar animales que ellos mismos traían para comer y muy
dados a hacer crecer las matas y traerían
y cosas extrañas y que los hombres de arco de trueno serían más malos
que el Guamongo y los shamaanes de faldellines serían más fuertes y más dañinos
que los shamaanes de esta tierra y de que eso sería el fin de los shamaanes de por
aquí y que eso haría cambiar todas las cosas que hay en el aena y en el amet.
Nunca supimos si esta cábala
se llegó a cumplir nunca jamás.

No hay comentarios:
Publicar un comentario