Perlas 1914 - Canoas de pescadores de perla, un bergantín sirve de nave nodriza, se pescó así hasta los años 20´s - Bahia de La Paz, B.C.S.
El religioso Joseph de Acosta escribió en 1587, la Historia
Natural y Moral de las Indias, "vi en la memoria de lo que venía de Indias
para el rey, diez y ocho marcos de perlas y otros cajones de ellas y para
particulares mil y doscientos y setenta y cuatro marcos de perlas (...)
Unas llaman avemarías,
por ser como cuentas pequeñas de rosario; otras paternóster, por ser gruesas".
En 1596, "...vino orden de fu Magestad, para que se
fuesen a descubrir las tierras y puertos de las Californias, de donde avia
mucha noticia, que avia en aquellos Mares gran numero de Perlas", nos
refiere fray Juan de Torquemada en su Monarquía Indiana", comisionándose
al capitán Sebastián Vizcaíno, quien encontró que eran recogidas (...) a tres,
y quatro brasas dentro del Agua (...) Cogen los Indios gran Suma de estas
ostias (ostras), y las hechan en hogueras, y alli se abren, y se queman las
Perlas (que las ai mui grandes) y aprovechanse de la carne de las ostias".
Alejandro de Humboldt, en su Ensayo Político sobre el Reino
de la Nueva España, escribió en 1803: "... lo que más ha excitado a los
navegantes a visitar la costa de aquel desierto de la California ha sido la
pesca de las perlas que abundan señaladamente (...) tienen un oriente muy
hermoso, son grandes, aunque la mayor parte de forma irregular y poco agradable
a la vista. La concha que produce las perlas se encuentra principalmente en la Bahía
de Cerrralvo y alrededor de las islas de Santa Cruz y de San José. Las más
preciosas que posee la corte de España se encontraron en 1615 y 1665 en las
expediciones de Juan Yturbi y Beran de Piñadero".
De la Crónica de la
Antigua California. Una descripción detallada de la pesca de perlas se la
debemos a don Miguel del Barco en la Historia Natural y Crónica de la Antigua
California, diciéndonos que quien tenía posibilidades adquiría una o dos
lanchas, víveres y el equipo necesario, nombrándose "armador". Los
buzos se contrataban "... unos a partido y otros a salario. A estos
últimos debe el armador dar aquella paga en que se han concertado, pero toda la
concha que sacan, es para el amo, a distinción de los que van a partido porque
éstos no reciben salario pero parten con el armador cada día toda la concha que
sacan ... ".
"Los buzos bajan al fondo en donde están las conchas de
perla (...) y conforme las van cogiendo, las van echando en la red. (...)
En
los primeros días hacen poco porque están como aturdidos, y con dolor de
cabeza, ya por no estar hechos a detener tanto la respiración, y ya por
entrárseles el agua por los oídos. Mas a los tres o cuatro días, echan sangre
por los mismos oídos y, con esto, quedan con la cabeza despejada, ágiles y
aptos para su oficio". Se buceaba diariamente de junio a septiembre, de
diez a tres de la tarde "tiempo en que, por estar el sol en su mayor
altura, alumbra mejor hasta el fondo del mar", en profundidades de diez a
quince brazas por lo general. "Por los años de 1740, ya sea por alguna
extraordinaria tempestad, o ya por otra cosa, el mar arrojó de sí una gran
multitud de concha de perla amontonándola en la playa en algunos parajes desde
el grado 28 en adelante hacia el norte, donde en aquel tiempo aún no habían
llegado los buzos". Las perlas se enviaban a Loreto donde se separaba el
quinto del rey, y de ahí a la capital de la Nueva España, vía Guadalajara.
Desde finales del siglo XVIII, declinó la pesca de la perla, Humboldt lo
atribuyó a "que los blancos pagan muy mal a los indios y a los negros que
se habían dedicado al penoso oficio de buzo", y describe una campana de
buceo que se experimentaba "en un pequeño estanque, cerca del Castillo de
Chapultepec ... en donde el buzo podrá refugiarse cada vez que tenga necesidad de
respirar. Provisto de una máscara y de un tubo flexible, podrá pasearse en el
fondo del Océano aspirando el oxígeno que le dará la campana por medio del tubo
(...) [Esto] ha fijado de nuevo la atención del gobierno sobre las
perlas...". novohispano@hotmail.com También apreciaban el nácar Desde el
descubrimiento de América se conoció en Europa la existencia de perlas en
América, primeramente en las islas de Cubagua y Margarita en Venezuela, después
en Panamá, y en 1534 Hernán Cortés las descubrió en el Golfo de Baja
California. Según testimonio de fray Bernardino de Sahagún en la Historia
General de las Cosas de Nueva España, los mexicas, les llamaban epyllotli
"...que quiere decir corazón de concha, porque se crían en la concha
...", también usaban la concha nácar, "hay en esta tierra muchas
maneras de conchas, de que usan estos naturales por cosa preciosa, son de
diversas maneras y diversos colores por dentro que parecen de unos esmaltes muy
ricos ...".
Interesante todos los datos que nos aportan los antiguos
historiadores.

No hay comentarios:
Publicar un comentario