lunes, 19 de octubre de 2026

El mito de la "buena campaña" de Milena y la hiperpresencia mediática

 



El mito de la "buena campaña" de Milena y la hiperpresencia mediática

Eliseo Santana A.

En Baja California Sur empieza a circular una narrativa tan tardía como artificial. Es aquella que intenta justificar la estrepitosa caída de Milena Quiroga en el proceso interno de Morena, asegurando que "hizo una buena campaña" pero que "fuerzas ajenas" o "situaciones del destino" la sacaron del juego. Nada más alejado de la realidad. Querer maquillar el resultado a estas alturas no es solo un intento estéril de controlar los daños; es negarse a ver que el ciudadano de a pie la calificó, y la calificó mal.

Una campaña electoral que verdaderamente conecta con el sentir de la población no se pierde. Lo que atestiguamos en la entidad no fue un accidente político, sino el cobro de factura a una estrategia fundamentada en la soberbia, la hiperpresencia mediática y la asesoría de operadores externos y locales que no entendían ni entienden a los sudcalifornianos, sumado a un flagrante divorcio con las demandas más básicas de prácticamente todos los paceños. Fingir hablar como ranchero no engancha, no engaña a nadie.

El primer gran error de cálculo fue la anticipación desmedida por demasiados meses. Mucho antes de que los tiempos legales y partidistas lo permitieran, el estado se vio inundado por un despliegue masivo y costoso de espectaculares, lonas y bardas con la frase "Milena la de Morena". Esta saturación visual, lejos de construir simpatías, generó un profundo hartazgo social. El ciudadano libre no vio ahí la fuerza de una candidatura, sino una desesperación burda por imponer un rostro a base de billetazos.

El gasto excesivo en propaganda se convirtió en el peor enemigo de su discurso. Mientras el aparato publicitario traído de fuera derrochaba recursos en eventos masivos y promoción digital, la realidad de La Paz se encargaba de desmentir cada boletín oficial. Las frases ensayadas y los datos de escritorio chocaron de frente con el día a día de las familias sudcalifornianas: calles destrozadas por baches profundos, una red de drenaje colapsada y, por encima de todo, la eterna crisis del agua potable. Las mentiras no llenan los tinacos. La consigna popular que apareció en las calles lo resumió a la perfección: “No queremos más lonas, queremos más agua”. La gente detectó que lo que se presumía en las redes simplemente no era verdad.

La debilidad de la propuesta quedó expuesta en su máxima expresión durante la visita de la presidenta Claudia Sheinbaum. El intento desesperado de Quiroga por "cazar la foto", montando un tinglado con micrófonos ocultos y cámaras listas para forzar una muestra de favoritismo, fue leído por la opinión pública como un acto de debilidad extrema, no de fuerza. Alguien que sabe que tiene el respaldo de su territorio no necesita corretear a la mandataria federal en los eventos buscando un "dedazo" artificial que la propia Sheinbaum ya había descartado de antemano.

Para colmo, la campaña se confió ciegamente en la burbuja de aprobación inflada del gobierno estatal y en encuestas "patito" digitales que mes con mes mostraban brincos metodológicos absurdos e inverosímiles. Se creyeron sus propios datos pagados, olvidando que la encuesta oficial de Morena se definiría casa por casa, hablando directamente con el ciudadano que padece los tandeos de agua, los baches, las aguas negras, las fallas en la recolección de basura, la falta de seguridad y un total olvido municipal.

El triunfo de Manuel Cota Cárdenas no es una anomalía; es el resultado lógico de un electorado agudo que castigó la simulación. Intentar defender hoy que Milena Quiroga hizo una "buena campaña" es un argumento que llega muy tarde y que carece de sustento. A la alcaldesa no la sacaron del juego las cúpulas; la descalificó una ciudadanía cansada de que le vendan realidades de papel mientras las llaves de sus casas siguen secas.


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