BCS se cuece aparte
Eliseo Santana A.
“Nada es eterno en el
mundo”
Nuestro estado tiene una larga y sólida tradición de rebeldía
electoral y voto de castigo. Esta memoria demuestra que el ciudadano de la
península no se dobla ante el poder en turno cuando este le falla; y el actual
ha fallado rotundamente.
Hagamos un recuento histórico-político.
En los años noventa, cuando el PRI controlaba absolutamente todo en nuestra entidad y en el país, los paceños hicieron lo que parecía imposible, en 1993 apoyaron a Adán Ruffo bajo las siglas del PAN y derrotaron a la maquinaria oficial. Doblaron al omnipresente PRI para ganar la alcaldía de La Paz.
Los tricolores, acostumbrados a vencer, pusieron como
candidato al poco carismático Raúl Carrillo Silva. Los paceños ya estaban
hartos; no hubo miedo al sistema, sino una exigencia real de cambio que abrió
las puertas democráticas del estado.
¿Y qué siguió después? La alternancia de Leonel Cota en 1999.
Apenas seis años más
tarde, cuando el PRI intentó imponer candidato a la gubernatura, la ciudadanía respondió
de nuevo con la misma valentía. Respaldaron masivamente a Leonel Cota Montaño
bajo las siglas del PRD, logrando la primera alternancia en el Ejecutivo
estatal y consolidando a Baja California Sur como un laboratorio democrático
indomable. Sin embargo, la izquierda no supo mantenerse en el poder; cometió
los mismos errores, abusos y excesos que los priistas, e impuso como candidato
para la sucesión a Luis Armando Díaz. Craso error. La consecuencia fue el
regreso del PAN con Marcos Covarrubias en 2011. Cuando el PRD se desgastó y
dejó de dar resultados, los sudcalifornianos no se resignaron a "seguir
votando por lo mismo": castigaron al partido en el poder y le dieron un
triunfo contundente al PAN, demostrando que el voto en el estado no le
pertenece a ninguna marca política de forma permanente.
Los sudcalifornianos saben castigar; no somos ingenuos ni nos
dejamos engañar por la soberbia del gobierno. Piensan que repartiendo despensas
de mala calidad o trayendo cantantes sobrepagados vamos a olvidar la violencia,
los desaparecidos, los levantones, el cobro de piso y el enriquecimiento de los
políticos en turno.
La historia demuestra
que la gente de BCS aguanta, pero cuando el gobierno cruza la línea de la
corrupción, la ineficiencia o la inseguridad, el ciudadano cobra la factura en
las urnas sin importar qué tan fuerte se vea el partido oficial.
El peligro de las encuestas infladas es que las casas
encuestadoras que hoy publican ventajas amplias para Morena cometen el error de
asumir que el votante local actuará bajo una inercia nacional. Se les olvida
que el electorado de BCS es históricamente volátil, crítico y de clase media
aspiracional; un perfil que no se controla fácilmente con apoyos sociales si la
tranquilidad del estado se ve comprometida. Ya aprendimos que debemos aceptar
lo que nos ofrezcan, pero votar por lo que de verdad nos convenga.
Baja California Sur ya ha demostrado que sabe romper esquemas
imposibles. En el tablero local, dar por sentado que una candidatura o un
partido tienen el triunfo asegurado basándose en encuestas tempranas es ignorar
la memoria histórica y la dignidad de un estado que sabe perfectamente cómo
activar el voto de castigo.
La soberbia anticipada suele ser una pésima consejera en la
víspera electoral. Festejar triunfos con números alegres refleja un profundo
miedo a ver la realidad del estado. La historia nos enseña que los imperios
políticos más sólidos caen cuando se desconectan de la gente. Si los estrategas
de Morena deciden ignorar los focos rojos y confiar ciegamente en sus propios datos,
el golpe de realidad electoral será inevitable. El tiempo corre y las urnas no
perdonan; luego no digan que no se les dijo: están avisados.

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