lunes, 29 de junio de 2026

BCS se cuece aparte

 


BCS se cuece aparte

Eliseo Santana A.

 “Nada es eterno en el mundo”

Nuestro estado tiene una larga y sólida tradición de rebeldía electoral y voto de castigo. Esta memoria demuestra que el ciudadano de la península no se dobla ante el poder en turno cuando este le falla; y el actual ha fallado rotundamente.

Hagamos un recuento histórico-político.

En los años noventa, cuando el PRI controlaba absolutamente todo en nuestra entidad y en el país, los paceños hicieron lo que parecía imposible, en 1993 apoyaron a Adán Ruffo bajo las siglas del PAN y derrotaron a la maquinaria oficial. Doblaron al omnipresente PRI para ganar la alcaldía de La Paz.

Los tricolores, acostumbrados a vencer, pusieron como candidato al poco carismático Raúl Carrillo Silva. Los paceños ya estaban hartos; no hubo miedo al sistema, sino una exigencia real de cambio que abrió las puertas democráticas del estado.

¿Y qué siguió después? La alternancia de Leonel Cota en 1999.

 Apenas seis años más tarde, cuando el PRI intentó imponer candidato a la gubernatura, la ciudadanía respondió de nuevo con la misma valentía. Respaldaron masivamente a Leonel Cota Montaño bajo las siglas del PRD, logrando la primera alternancia en el Ejecutivo estatal y consolidando a Baja California Sur como un laboratorio democrático indomable. Sin embargo, la izquierda no supo mantenerse en el poder; cometió los mismos errores, abusos y excesos que los priistas, e impuso como candidato para la sucesión a Luis Armando Díaz. Craso error. La consecuencia fue el regreso del PAN con Marcos Covarrubias en 2011. Cuando el PRD se desgastó y dejó de dar resultados, los sudcalifornianos no se resignaron a "seguir votando por lo mismo": castigaron al partido en el poder y le dieron un triunfo contundente al PAN, demostrando que el voto en el estado no le pertenece a ninguna marca política de forma permanente.

Los sudcalifornianos saben castigar; no somos ingenuos ni nos dejamos engañar por la soberbia del gobierno. Piensan que repartiendo despensas de mala calidad o trayendo cantantes sobrepagados vamos a olvidar la violencia, los desaparecidos, los levantones, el cobro de piso y el enriquecimiento de los políticos en turno.

 La historia demuestra que la gente de BCS aguanta, pero cuando el gobierno cruza la línea de la corrupción, la ineficiencia o la inseguridad, el ciudadano cobra la factura en las urnas sin importar qué tan fuerte se vea el partido oficial.

El peligro de las encuestas infladas es que las casas encuestadoras que hoy publican ventajas amplias para Morena cometen el error de asumir que el votante local actuará bajo una inercia nacional. Se les olvida que el electorado de BCS es históricamente volátil, crítico y de clase media aspiracional; un perfil que no se controla fácilmente con apoyos sociales si la tranquilidad del estado se ve comprometida. Ya aprendimos que debemos aceptar lo que nos ofrezcan, pero votar por lo que de verdad nos convenga.

Baja California Sur ya ha demostrado que sabe romper esquemas imposibles. En el tablero local, dar por sentado que una candidatura o un partido tienen el triunfo asegurado basándose en encuestas tempranas es ignorar la memoria histórica y la dignidad de un estado que sabe perfectamente cómo activar el voto de castigo.

La soberbia anticipada suele ser una pésima consejera en la víspera electoral. Festejar triunfos con números alegres refleja un profundo miedo a ver la realidad del estado. La historia nos enseña que los imperios políticos más sólidos caen cuando se desconectan de la gente. Si los estrategas de Morena deciden ignorar los focos rojos y confiar ciegamente en sus propios datos, el golpe de realidad electoral será inevitable. El tiempo corre y las urnas no perdonan; luego no digan que no se les dijo: están avisados.

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