jueves, 9 de julio de 2015

SANTA ROSALÍA A 130 AÑOS DE SU FUNDACIÓN


Foto: Harry Crosby

Relato ficción, con algunos datos históricos reales.

El sol inclemente caía a plomo, Pepe Rosas arrecio el paso y gritó a su recua de mulas, ¡¡¡ ARRREEEE!!!

Sabía que no alcanzaría a llegar a tiempo al lugar donde los barcos que venían de Guaymas Sonora fondeaban, estos veleros venían a mercadear con los rancheros de la zona, a los que les compraban carne seca de venado y de res, quesos, cueros, dátiles y otras cosas, a su vez ellos les vendían o intercambiaban productos manufacturados, telas, parque, etc.

José se acordó que su compadre Juvencio, le comentó que por el lado de Santa María la ruta era más corta aunque más escabrosa, no lo pensó dos veces, pues si no llegaba a tiempo perdería la oportunidad de comercializar sus productos y algunos se podrían echar a perder, pues pasarían meses para que los comerciantes de Sonora regresaran.

Subiendo por cerros que no conocía y cortando por  cañadas su tren de mulas avanzaba alzando una gran nube de polvo, a José se le resecaba la garganta con tanta polvareda y la preocupación de no llegar a su destino, sabía que no lo esperarían, los marinos rigen su tiempo con las mareas, echo mano a su cantimplora para refrescarse con un trago de agua y justo cuando sus labios la tocaban su mula barcina reparo, tirando a José al suelo cuan largo era, una enorme cascabel había espantado al animal, al principio no se dio cuenta  del porqué del reparo, pero como la barcina continuaba inquieta se percató del problema, desenfundo su machete y decidido busco partir en dos a la víbora que buscaba refugio entre piedras y enormes terrones desprendidos de un paredón, José estaba a punto de asestar el golpe mortal, cuando se dio cuenta de algo raro, extraño, eso lo distrajo, cosa que el reptil aprovecho para escabullirse en una profunda grieta.

En el suelo de la cañada unas “extrañas” esferas, bolas les decía José, de color verde azulado, un poco más chicas que un puño, tomo una de ellas y esta empezó a deshacerse en su mano, esto no es oro pensó, pero podría valer algo, regresó a su montura de donde trajo una bolsa de manta la que lleno con lo que había encontrado y la metió en sus alforjas.

El atajo que había tomado le dio tiempo suficiente para llegar a entregar sus productos, ahí le encargo al capitán de una de las embarcaciones que investigara en Guaymas, que era lo que había encontrado y le hizo entrega de la bolsa conteniendo el material.

En Guaymas, las esferas o lo que quedaba de ellas  fue sometido a exámenes y el resultado fue que se trataba de cobre con una muy alta pureza lo que se calificaba como de  “buena ley”   .

La noticia se esparció de inmediato en Sonora, muchos querían ir a la península de Baja California a explotar el mineral, fue entonces cuando empezaron a llegar a lo que hoy es Santa Rosalía los primeros interesados en extraer cobre, uno de ellos fue Julio Müller un inversionista de origen alemán quien busco a José Rosas Villavicencio el que había encontrado el mineral, y le ofreció…





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