Foto: Harry Crosby
Relato ficción, con algunos datos
históricos reales.
El sol inclemente caía a plomo,
Pepe Rosas arrecio el paso y gritó a su recua
de mulas, ¡¡¡ ARRREEEE!!!
Sabía que no alcanzaría a llegar
a tiempo al lugar donde los barcos que venían de Guaymas Sonora fondeaban,
estos veleros venían a mercadear con los rancheros de la zona, a los que les
compraban carne seca de venado y de res, quesos, cueros, dátiles y otras cosas,
a su vez ellos les vendían o intercambiaban productos manufacturados, telas,
parque, etc.
José se acordó que su compadre Juvencio,
le comentó que por el lado de Santa María la ruta era más corta aunque más
escabrosa, no lo pensó dos veces, pues si no llegaba a tiempo perdería la
oportunidad de comercializar sus productos y algunos se podrían echar a perder,
pues pasarían meses para que los comerciantes de Sonora regresaran.
Subiendo por cerros que no conocía
y cortando por cañadas su tren de mulas avanzaba
alzando una gran nube de polvo, a José se le resecaba la garganta con tanta polvareda
y la preocupación de no llegar a su destino, sabía que no lo esperarían, los
marinos rigen su tiempo con las mareas, echo mano a su cantimplora para refrescarse
con un trago de agua y justo cuando sus labios la tocaban su mula barcina reparo,
tirando a José al suelo cuan largo era, una enorme cascabel había espantado al
animal, al principio no se dio cuenta del
porqué del reparo, pero como la barcina continuaba inquieta se percató del
problema, desenfundo su machete y decidido busco partir en dos a la víbora que
buscaba refugio entre piedras y enormes terrones desprendidos de un paredón, José
estaba a punto de asestar el golpe mortal, cuando se dio cuenta de algo raro,
extraño, eso lo distrajo, cosa que el reptil aprovecho para escabullirse en una
profunda grieta.
En el suelo de la cañada unas “extrañas”
esferas, bolas les decía José, de color verde azulado, un poco más chicas que
un puño, tomo una de ellas y esta empezó a deshacerse en su mano, esto no es
oro pensó, pero podría valer algo, regresó a su montura de donde trajo una bolsa
de manta la que lleno con lo que había encontrado y la metió en sus alforjas.
El atajo que había tomado le dio
tiempo suficiente para llegar a entregar sus productos, ahí le encargo al capitán
de una de las embarcaciones que investigara en Guaymas, que era lo que había encontrado
y le hizo entrega de la bolsa conteniendo el material.
En Guaymas, las esferas o lo que quedaba
de ellas fue sometido a exámenes y el
resultado fue que se trataba de cobre con una muy alta pureza lo que se
calificaba como de “buena ley” .
La noticia se esparció de
inmediato en Sonora, muchos querían ir a la península de Baja California a
explotar el mineral, fue entonces cuando empezaron a llegar a lo que hoy es
Santa Rosalía los primeros interesados en extraer cobre, uno de ellos fue Julio
Müller un inversionista de origen alemán quien busco a José Rosas Villavicencio
el que había encontrado el mineral, y le ofreció…

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