Galeones y
Bergantines
Eliseo Santana
A.
En las
costas de la península sudcaliforniana se respira un aire denso, idéntico al
que precede a una tormenta en alta mar.
Los viejos lobos de mar saben que la tregua ha terminado. Tras la gran victoria de 2021, cuando el navío comandado por el capitán Víctor Castro logró arrebatarle el tesoro de la gubernatura a la alianza enemiga, el reparto de los doblones parecía sellado. Pero en el código pirata la memoria es corta y la ambición, infinita.
Hoy, rumbo a
las cruciales aguas de 2027, a bordo del imponente galeón de Morena se ha
instalado la amnesia del triunfo. Los oficiales de la nave mayor miran de reojo
a la tripulación del pequeño pero artillado bergantín del Partido del Trabajo
(PT). Desde las alturas del mástil de Morena se grita que el botín de las
candidaturas, las alcaldías y las curules les pertenece casi por completo;
argumentan que su bandera es la que infunde temor y que ellos pusieron el barco
principal. Para los mandos morenistas, el aliado es solo un invitado que debe
conformarse con las migajas que caigan de la mesa del capitán.
Sin embargo,
en la cubierta del PT el descontento ruge con fuerza. Sus marineros afilan los
sables y acusan una flagrante traición al código. Los del PT recuerdan con
rabia que en aquella encarnizada batalla de 2021, cuando el oleaje estaba a
punto de hundir a Morena y la diferencia con el rival era de apenas unos
cuantos miles de sufragios, fueron sus 8,300 cañonazos directos —y los miles
más compartidos— los que inclinaron la balanza. Sin el abordaje oportuno del
PT, el galeón guinda habría terminado en el fondo del Mar de Cortés.
El pleito en
Baja California Sur ha dejado de ser un murmullo de cantina para convertirse en
un desafío abierto. El PT señala con el dedo índice que Morena no respeta los
acuerdos firmados con sangre electoral, desconociendo el valor de quienes
arriesgaron el pellejo para ganar el territorio. Como en las mejores crónicas de
la piratería, la alianza se tambalea no por falta de botín, sino por la
voracidad al repartirlo. La moneda está en el aire y la pregunta flota en el
viento de La Paz y Los Cabos:
¿lograrán
pactar una nueva tregua para mantener el control de la península, o el orgullo
de Morena hará que el PT decida cambiar de rumbo, desatar los amarres y dejar
que el gran galeón navegue a la deriva en la próxima tormenta?
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